Creando el despacho que creemos necesario

Carlos Cabello
Responsable de Tecnología y Operaciones
Publicado el 
20/5/2026
Índice

Inmaculada, mi mujer, y yo decidimos unir también nuestros caminos profesionales en otoño de 2025, después de casi 20 años compartiendo el personal, para crear el despacho que creemos que debería existir hoy. Un despacho con la misión de hacer los servicios legales más claros, sencillos y accesibles. Con el cliente en el centro, usando la tecnología como palanca, y con la honestidad, la cercanía, la claridad y la profesionalidad como valores fundamentales.

Creemos que nuestros perfiles se complementan muy bien. Inma es abogada y ha pasado por despachos como Arriaga Asociados, con gran relevancia nacional y de los pocos que consiguió cambiar el status quo del sector. Yo soy ingeniero y vengo del mundo tecnológico, con experiencia en empresas como Google, Ebury o Preply, construyendo sistemas y productos digitales. Inma aporta el conocimiento jurídico y una idea muy clara de cómo debe funcionar un despacho de abogados. Yo aporto la visión tecnológica y la experiencia en producto, procesos y sistemas digitales. Esa combinación de derecho y tecnología es una de las bases sobre las que queremos construir Buenaley.

Inspirados por un directivo “muy normal”

Siempre nos inspiró la filosofía que Pedro Serrahima aplicó en Pepephone y O2: la idea de tratar al cliente como a una persona normal, hablando claro y haciendo las cosas con honestidad y coherencia. Empresas que entienden que las personas acaban percibiendo cómo eres de verdad no por lo que dices en tu publicidad, sino por cómo actúas en el día a día y por las decisiones que tomas cuando nadie está mirando. Pensar más en construir relaciones de confianza a largo plazo que en maximizar el beneficio inmediato. Todavía recuerdo el impacto que me causó leer en 2012 la (para mí, histórica) entrada del blog de Pepephone #algohaidobien, ese texto “tan largo y tan raro”, como ellos mismos lo definían, que resultaba tan rompedor precisamente por proponer cosas tan normales.

Nuestra idea es que Buenaley consiga hacerse un hueco en un sector tan competido y fragmentado como el legal y, con el tiempo, pueda convertirse en un actor relevante sin renunciar a esa misma filosofía. Queremos convertirnos en un despacho percibido como honesto, claro, cercano y excelente en el servicio, formado por personas que compartan estos mismos valores. Sabemos que no será fácil, pero es el proyecto en el que creemos y aquí hemos venido a jugar.

Empezando por el nombre

La primera decisión importante fue la elección del nombre. Queríamos algo que transmitiera positividad y confianza, que sonara jurídico y que, además, tuviera el dominio disponible.

“Buenaley” nos encajó enseguida: buena + ley cumplía con todo eso. Pero además nos gustaba mucho el juego con la expresión “de buena ley”, sinónimo de honesto, fiable, y de buena calidad. Justo como nos gustaría que se describiese el servicio que aspirábamos a dar.

Unos valores fuertes para guiarnos en el camino

He tenido la suerte de trabajar en tres empresas donde la cultura no era un eslogan, sino un pilar fundamental que actuaba como guía para decidir, colaborar y trabajar en el día a día.

En Google viví los buenos tiempos del “don’t be evil” y una organización con una cultura muy fuerte, donde todos intentaban encarnar lo que internamente llamaban “Googliness”: humildad intelectual, adaptación constante, comodidad ante la ambigüedad, colaboración e iniciativa.

En Ebury me di cuenta de la suerte que es poder contar con empleados de las etapas iniciales de la empresa que saben mantener el espíritu y la cultura original de la misma. No tengo dudas de que Ebury ha llegado a donde está en gran parte gracias a esto.

Y en Preply vi una combinación de ambas cosas: una cultura muy cuidada, reforzada por un núcleo de empleados, encabezados por sus fundadores, que actúan como referentes. La empresa ha sabido preservar y adaptar sus valores, manteniéndolos muy presentes en el día a día a pesar de su rápido crecimiento. Y eso, más que cualquier otra cosa (incluido el talento, que lo tienen, y de sobra), es lo que me hace pensar que tienen un futuro brillantísimo.

Por ello, Inma y yo tenemos claro que un despacho no solo se construye con buenos abogados, sino también con una cultura clara y valores que orienten cómo se actúa. En Buenaley queremos que quienes formen parte del proyecto conozcan bien esos valores, entiendan por qué importan y se esfuercen por encarnarlos en su día a día. Queremos que sean pocos, sencillos y claros:

  • Cercanía. Ponemos a las personas en el centro de nuestro trabajo, entendiendo su situación, mostrando empatía genuina y cuidando cada interacción.
  • Claridad. Hablamos claro y hacemos comprensible lo que suele parecer complejo.
  • Honestidad. Actuamos con honestidad y transparencia, sin ambigüedades ni falsas expectativas.
  • Profesionalidad. Trabajamos con rigor y responsabilidad.

Tecnología para dedicar más tiempo a las personas

En Buenaley no entendemos la tecnología como un fin en sí mismo, ni como una forma de deshumanizar el servicio (lamentablemente la mayoría de las empresas no lo han entendido así). Al contrario, la usamos para poder atender mejor a las personas. Para quitar fricción, simplificar procesos y liberar tiempo de nuestro equipo para lo que de verdad importa: estar cerca del cliente, resolver dudas y acompañar bien.⁠⁠⁠⁠

El mejor ejemplo de esto fue nuestro primer servicio: la obtención del NIE desde el país de origen. Lo diseñamos como un servicio muy apoyado en tecnología y con un flujo claro y sencillo, prácticamente de autoservicio: el cliente rellena el formulario, verifica su identidad online, firma la autorización necesaria y, a partir de ahí, nosotros nos encargamos del resto. Además, vamos informando del estado del trámite de forma automática en base a las actualizaciones en nuestro CRM y mantenemos abiertos los distintos canales de comunicación para acompañar al cliente si necesita ayuda o le surge cualquier duda.⁠⁠⁠⁠⁠⁠

La clave no era automatizar por automatizar. La clave era automatizar las partes más repetitivas, farragosas o poco estimulantes del trabajo para que nuestros abogados y el resto del equipo pudieran dedicar menos tiempo a las tareas administrativas y más tiempo a las personas.⁠⁠

Ese servicio fue la prueba de concepto del despacho. El resultado fue un feedback muy positivo, con decenas de reseñas en Google, todas de cinco estrellas, y con clientes muy satisfechos que no solo valoraban la rapidez y la sencillez del proceso, sino que además querían seguir contando con nosotros para otros servicios.⁠⁠⁠⁠ Nos permitió comprobar que nuestra forma de hacer las cosas tenía sentido: un servicio legal bien diseñado, claro para el cliente, eficiente por dentro y con una atención muy cuidada.

Tras esa prueba de concepto, fuimos lanzando nuevos servicios (como la ley de Segunda Oportunidad o la reclamación de intereses abusivos en tarjetas) siguiendo la misma filosofía.

Modelo de trabajo híbrido con teletrabajo por defecto

En Buenaley creemos que el futuro del trabajo pasa, en buena medida, por el teletrabajo. Permite evitar desplazamientos innecesarios, ofrece mayor comodidad y flexibilidad, facilita la conciliación y nos da acceso a talento sin importar dónde viva. Pero no es solo una cuestión de conveniencia. Tampoco creemos que el valor de una persona deba medirse por las horas que pasa en una oficina, sino por la calidad de su trabajo, su criterio, su capacidad de sacar adelante sus responsabilidades y los resultados que consigue.

Al mismo tiempo, también entendemos que para muchos clientes la atención cercana y presencial tiene mucho valor.

Por eso en Buenaley hemos adoptado un modelo híbrido en el que el teletrabajo es la opción por defecto, pero reservamos determinados días para concentrar las citas presenciales y atender desde la oficina a los clientes que lo necesitan o lo prefieren. Así combinamos la flexibilidad del trabajo en remoto con la cercanía de la atención presencial cuando realmente aporta valor.

Para que este modelo funcione, en Buenaley apostamos por una forma de trabajar basada en la comunicación frecuente y clara, la documentación de la información importante, la autonomía y la confianza en el criterio de nuestros profesionales. Cuando cada persona sabe qué se espera de ella, cuenta con el contexto necesario y trabaja en un entorno de colaboración y confianza, el teletrabajo deja de ser simplemente una medida de flexibilidad y se convierte en una forma más moderna y eficiente de organizar el trabajo.

Mucho camino por delante

Buenaley está dando sus primeros pasos. No tenemos todas las respuestas, ni pretendemos tenerlas, pero sí sabemos hacia dónde queremos ir y cómo queremos hacerlo.

Mientras el cliente se sienta bien atendido, el equipo a gusto y los servicios vayan siendo cada vez mejores y más eficientes, sabremos que estamos en la buena dirección.

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